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Unos Kilos De Más

Esta es la historia de mi papá, quien como yo sufrió también de obesidad durante su juventud, que lo llevó a padecer condiciones de salud como hipertensión y diabetes. Llegó un momento en el que tomó conciencia, comenzó a mejorar sus hábitos y a ejercitarse, y hasta ahora no ha parado.

Una historia que demuestra que no importa la edad, nuestro cuerpo es nuestro templo.

Tengo 72 años, peso 70 kilos y mido 1.71 ctms. El número siete me acompaña en todas esas medidas, que dicen es el número de la suerte. En verdad no me puedo quejar, aunque vivo haciéndolo como la mayoría de los mortales. Pero a escribir sobre lo que nos propusimos… Sobre esos kilos de más y nuestros hábitos de vida.

Por lo menos en cuanto a mi experiencia personal y la forma empírica en que logré conjugar ambas variables para orientar mi rutina diaria hacia un mejor enfoque de lo que debía hacer para fortalecer, en algo, mi condición física y mi forma de alimentarme.

Para empezar, no siempre he tenido ese peso. En mis años de juventud llegué a tener bastante sobrepeso, recuerdo que estuve cerca de los 100 kilos, 96 para ser más exactos. Con esa estatura los kilos demás eran evidentes.

A los hábitos alimenticios desordenados, con poca educación nutricional que orientara la forma y el contenido de mi ingesta diaria, en cuanto a la importancia de no saltarse las horas de las comidas, en cuanto al tiempo y relax reservado para cada comida, en cuanto a la mecánica para ingerir los alimentos (masticación, por ejemplo), en cuanto al equilibrio nutricional que debía tener cada plato, a la ingesta exagerada de grasas, carbohidratos sin contraparte, etc, unido todo eso al consumo, en esos años, de alcohol, llámese cervecitas jejejejeje, en niveles un tanto elevado y a la falta de ejercicios, al estrés producido por el trabajo de docente, me produjo dos cosas: 1) un cuadro hipertensivo y glicémico que en los primeros tiempos no fue tratada y 2) un aumento desproporcionado de peso llevándome a los niveles que ya he mencionado.

Así estaba cuando me casé. Ella es Trina, mi esposa, preciosa verdad?

Ya en los 35 años o un poco antes, con este cuadro de deterioro, por convicción propia y por consejos de algunos amigos, empecé a darme cuenta de la importancia de cambiar algunos hábitos alimenticios y, sobre todo, considerar el ejercicio como una opción de vida, no como algo programado, sino como algo espontáneo no sometido a reglas ni horarios.

Y así fue como comencé mi actividad física, dedicada a caminatas que inicialmente fueron esporádicas y poco a poco se convirtieron en parte de mi rutina diaria. Primero 10 minutos, luego 20, hasta llegar a una hora y más. Marcando yo mismo mi forma, intensidad y resistencia.

En este momento puedo ufanarme de poder resistir hasta dos horas continuas sin cansancio marcando mi paso. Eso me permite movilizarme con cierta soltura y cubrir distancias apartadas. Paralelo a esta rutina diaria también apliqué ciertas mejoras en mi alimentación en cuanto, por ejemplo, al consumo de grasas y azúcares.

El azúcar refinado fue eliminado totalmente de mi dieta. Traté de incorporar al consumo diario frutas, hortalizas y verduras. La ingesta de alcohol fue disminuyendo hasta casi desaparecer su consumo. Con la combinación de las caminatas, con los cambios pequeños en mi alimentación, pude solventar los problemas de sobrepeso que sufría.

Ya mi peso se ha estabilizado en 70-72 kilos en los últimos 20-25 años. Además los problemas de hipertensión y glicemia se han controlado.

Mi recomendación para todos los que deseen mejorar su condición física y sus hábitos alimentarios es empezar lo más pronto posible sin esperar por un deterioro visible de su salud. A tiempo todo es posible y teniendo las herramientas al alcance de su mano. Manos a la obra.

En este momento de cuarentena no he parado, me ejercito en casa con mi hija Trini (y con mis otras dos hijas a distancia) y siguiendo vídeos por YouTube para adultos mayores. Así me muevo y me mantengo activo.

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