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¿Estar flaco es sinónimo de salud? Derribando mitos

Durante años hemos creído que el tejido adiposo (michelines o cauchitos en términos populares) era un simple depósito de grasa, sin ningún tipo de función metabólica pero, se ha demostrado recientemente, que nuestra grasa corporal puede actuar como un órgano endocrino que secreta hormonas (genéticamente llamadas adipoquinas) y péptidos (una especie de miniproteínas) que intervienen en una gran cantidad de procesos fisiológicos como lo son:

  • Regulación de la ingesta de comida
  • Metabolismo de la glucosa y las grasas
  • Respuesta del sistema inmunitario
  • Coagulación sanguínea
  • Regulación arterial

De manera que, si almacenamos más cantidad de grasas de la que necesitamos, las funciones hormonales del tejido adiposo no se realizan de forma adecuada, generando una respuesta inflamatoria crónica.

Esta respuesta inflamatoria se caracteriza por una producción anormal de adipoquinas, aumento en la liberación de sustancias proinflamatorias, que contribuirán a acelerar los procesos de envejecimiento y las enfermedades relacionadas con él, como lo son: enfermedades cardiovasculares, grasa en el hígado, osteoartritis, ovario poliquístico, apnea del sueño, entre otras.

Después de saber todo esto, se puede comprender que lo saludable es tener niveles adecuados de adiponectina en sangre.

Cuanto más porcentaje de grasa corporal, más grasa corporal, más grasa visceral, más insulina o más leptina y, menor será la cantidad de adiponectina, para reducir la inflamación crónica y los efectos “pro-envejecimientos” del tejido adiposo.

Entonces no debemos creerle al peso, ni para bien, ni para mal. Porque es capaz de ocultar una población de riesgo que, tras una medición normal, se le atribuye el superpoder de desmotivar y deprimir a personas que están evaluando su progreso a través de él, desmoraliza y acompleja a algunas personas que tienen sobrepeso pero en realidad no son gordas.

Para explicarlo de una manera sencilla, se puede decir que una persona con obesidad pesa mucho, pero su riesgo no depende de su fuerza de atracción con la tierra, el riesgo lo produce el exceso de grasa.

El punto es que hay un grupo de personas que tiene exceso de grasa pero tienen peso normal. Estas personas tienen tanto riesgo como un obeso evidente pero, muchas veces pasa desapercibido y después se preguntan por qué el infarto, los triglicéridos por las nubes, etc.

Por otro lado si se está en un plan para perder “peso”, es posible que, si se están haciendo las cosas bien, se pierda grasa mientras se mantiene o aumenta músculo y aunque la persona se sienta mejor, el peso no se mueve.

Se puede resaltar que, cuando se tienen niveles de adiponectina elevada se cuenta con algunos beneficios como lo son, efectos antiinflamatorios, menor cantidad de radicales libres, menos arteriosclerosis y cierto efecto “antiaging” (antienvejecimiento).

Por otra parte, en estado de obesidad y con leptina elevada se aumentan los efectos inflamatorios crónicos, los radicales libres y la arteriosclerosis, al mismo tiempo que aumentan los efectos de envejecimiento.

Los problemas de obesidad en algunas personas no se tratan de una cuestión de pereza, glotonería y desidia por su parte, sino que se trata de un trastorno de desequilibrio hormonal y disregulación de los centros de saciedad y control homeostático del peso corporal.

Esto se puede corregir cambiando ciertos hábitos de vida para poder favorecer el restablecimiento de dicha homeostasis.


Para corregir este tipo de anomalías hormonales se deben descartar la existencia de factores de riesgo cardiovascular y enfermedades crónicas: índice aterogénico y de resistencia a la insulina, marcadores de síndrome metabólico, estado nutricional, existencia de esteatosis hepática grasa visceral. Así mismo, detectar los niveles de estrés y factores asociados o determinantes del mismo e intentar revertirlos con adecuado descanso nocturno, técnicas de relajación, ejercicio físico, entre otros.


El estar delgado, visualmente, no significa que se esté sano y no se esté metabólicamente obeso.

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